• Zayra García Núñez

El Dibujo


“Gris, la atmósfera del lugar es gris”, dijo la mujer que 14 años después, me atreví a llevar a la casa. Se cumplía un año más desde. Por eso regresé al lugar donde todo comenzó


Recuerdo cuando llegamos a vivir aquí. Mis padres estaban muy felices, adquirían una casa bien ubicada, la séptima casa de la séptima calle, en un fraccionamiento privado; por alguna razón esa casa había permanecido a la venta por varios meses. Era una suerte que nadie la hubiera adquirido o por lo menos eso pensaba mi padre.


A los días de llegar mi padre me regaló una libreta de dibujo y unos colores con motivo de mi séptimo cumpleaños. Esa misma tarde los estrené, y se volvió mi compañera, aún la conservo porque ella guarda cada recuerdo de esos siete meses en esta casa. Mi primer dibujo en esa libreta fueron mis padres en sofá abrazados, ellos se amaban.


A la semana de mi cumpleaños comencé a escuchar una voz que decía, “dibújame, dibújame”, yo despertaba, pensaba que estaba soñando, pero una noche fue diferente, en la orilla de mi cama vi los pies descalzos de una persona, grité tan fuerte que mis padres corrieron a mi habitación, cuando entraron encendieron la luz y me encontraron en la cama tapado de pies a cabeza, no había nada, mi madre dijo que era una pesadilla y se quedó conmigo hasta que pude dormir de nuevo. Esa no fue la única noche que desperté gritando, un día tuve el suficiente valor y fui subiendo la mirada lentamente desde los pies hasta la soga que colgaba de una viga; pero lo que realmente llamó mi atención fue el rostro palidecido de una mujer, sus ojos abiertos, pero sin luz se fijaban directamente en mi rostro; desconozco como pude pero tomé la libreta de dibujo que siempre estaba sobre el buró y con un lápiz a toda velocidad comencé a dibujarla; fue el primer dibujo que realicé de ella. Al día siguiente lo pegué en el refrigerador de la casa. El primero en notarlo fue papá, atrajo su atención de tal forma que por la tarde me preguntó de dónde había sacado la idea de dibujar a una mujer colgada. Cuando expliqué los motivos me hizo saber que era producto de mi imaginación, quizá lo había visto en algún periódico o en televisión. Esa noche mi padre comenzó a tener pesadillas, recuerdo haber escuchado de ellas. Con el tiempo comenzó a escuchar voces, voces que lo desquiciaban, al grado de salir en la madrugada de la casa o no volver en días.


En casa las cosas se comenzaron a poner difíciles, mi papá fue diagnosticado con esquizofrenia. Dejó de trabajar, tomaba tratamiento; a mí me llevaban al psicólogo porque me había vuelto retraído, aislado, además perdí demasiado peso, estaba ojeroso, parecía enfermo. Algunas veces mi papá tomaba sus medicamentos, otros días bebía sin parar hasta quedarse dormido. Decía que los medicamentos no le servían, porque las voces no se iban de su cabeza. Permanecía todo el día en cama, como ausente.


La noche que pasó todo, mi papá no había bebido nada de alcohol, yo mismo le di sus medicamentos y estuve un rato en su cuarto, no puedo borrar de mi cabeza como me tomó de los brazos y me dijo, “tú sabes que no miento, tú también la escuchas por toda la casa, no imaginas todas las atrocidades que me dice, ¿hay una viga en tu cuarto?” Preguntó, asustando asentí con la cabeza, el techo raso la cubría, pero yo sabía que esa viga estaba ahí.


Por la madrugada mi papá entró al cuarto, meses antes mamá comenzó a dormir conmigo. Yo lo vi todo, era el cuerpo de mi padre, pero algo en su rostro era diferente, como si alguien más lo dominara como pieza de ajedrez. Le colocó una soga al cuello a ella, despertó, pero no lograba zafarse, se movía, gritaba, jaló con sus manos la soga; en verdad la vi luchar para liberarse. Yo grité, grité tan fuerte como pude, pero mi padre nunca volteó a verme, nadie escuchó los gritos; como si en ese momento la casa estuviera en una zona del silencio; “¿han escuchado hablar de las zonas del silencio?”.


La arrastró hasta los pies de la cama él se subió ella y con su puño comenzó a golpear el techo hasta dejar descubiertas la viga, sí, ahí estaba esa maldita viga.


A mí me llevaron al orfanato y a él lo internaron en el hospital psiquiátrico, donde aún permanece. “Por eso la traje, porque necesito que usted me diga, ¿qué pasó esa noche?”


 

Zayra García Nuñez


Nació en el Poblado Miguel Alemán en la Costa de Hermosillo en el estado de Sonora. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora. Actualmente, radica en el estado de Tabasco donde trabaja como docente de secundaria. Lectora y promotora de la lectura

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