• Club de Escritura Creativa

Club de Escritura Creativa



Coscomatepec del Bravo, Veracruz


Muchacho:


Hace tiempo que vengo pensando en todo lo que vivimos juntos, de cuando nuestros ojos reflejaban las primeras ilusiones, qué locura, yo, que me decía amante de la libertad, de las tardes lluviosas en la tranquilidad de mi soledad, hermosa soledad, ahora no me parece tan hermosa, me la paso extrañando tu presencia.

Apresúrate, que tus viajes se me hacen demasiado largos cuando no me empacas en las maletas y muy cortos cuando exploramos el mundo juntos, valoro tu presencia más de lo que me gustaría reconocer.

Extraño tu peculiar figura. Recuerdo el primer día en que te vi, todo me pareció tan interesante, diferente, peculiar y gracioso, una mezcla que jamás he encontrado en nadie, después de esa vez todo en mi vida fue diferente, no puedo decir que mejoraste mi mundo pero sí que agregaste muy buenos elementos.

Yo que no creía en el amor, yo que me consideraba un témpano de hielo, ¡Yo! que quería un manual para saber cuáles eran los pasos para enamorarse sin verme como una idiota, me lo salté todo y estoy aquí, pensando en ti nuevamente, escribiendo, recordando. Nuestras vidas siempre toman diferentes caminos y, de vez en cuando, el universo conspira para que nos volvamos a encontrar, como si el tiempo no hubiera pasado. Exactamente no sé en qué punto estamos, pero lo que sí sé, es que vamos queriéndonos despacito, con la libertad que ambos poseemos, la dirección de nuestros pasos es hacia donde nuestra poesía nos lleva a hacerla realidad.

Me pregunto si tú también me extrañas, si me lees con interés, cierra los ojos y encuéntrame en tus pensamientos como yo lo hago.

Por último te voy a contar un secreto: Mi canción favorita es el sonido de tu risa.

P. D. Te digo adiós esperando que no sea para siempre.


Monserrat Peláez.


 


Don Rayo National Park, Chihuahua


¡Ay amigo! Me has dicho que una carta es un brazo largo que toca una puerta y concuerdo contigo, pero también enuncio que así mismo, es un pedacito de vida compartido y en estas palabras te mando un pedacito de la mía.

Si, bien dices el silencio me ha invadido, había estado, aunque no me lo creas, desde hace algunos meses como víbora en hibernación y no sólo me refiero por el veneno y el cascabel, sino también por este mudar continuamente de piel.

He dejado atrás la piel de muñeca abandonada, he mudado la piel de la mujer que no se amó, así mismo rompí la piel de la chica reprimida y la de la muerta en vida.

¡Ay amigo!, que poca vida te hubiera compartido si te hubiese escrito entonces.

Pero ahora mi vida ha cambiado, me ha visitado la libertad y la valentía, han sido las mejores compañeras junto con el amor propio, que por cierto algunos lo llaman egoísmo;.

Estoy llena de esperanza de amor incondicional a mi misma y mi rostro vuelve a sonreír sin reservas.

Ya aquí fuera de la madriguera, en donde abandoné mi veneno y mi cascabel, soy nueva, brillante y grandiosa.

Espero seguir compartiendo mis letras y que alguna vez recibas un texto de mi en el que verdaderamente te pierdas.

Tu anhelo me ha tocado me deleitó en tus muchos escritos, me llenan de calidez y gentileza.

Que mis abrazos te abracen fuerte, me encargaré de seguir escribiendo hasta que mis letras florezcan.


Mireya de la Rosa


 

Comitán de Domínguez, Chiapas,


A esta hora de la madrugada donde reina el silencio de tu ausencia, donde sólo tengo hambre de ti y la necesidad de saciar mi sed en la savia de tus labios, el ruido de un camión a lo lejos me hace pensar en tu regreso.

Muchacho... entre sombras yo también te espero, no borres mi nombre de tu corazón y mucho menos dejes de escribirlo en la piel del cielo, que yo al igual que tú ansío nuestro anhelado encuentro pues nadie ha logrado borrar de mis labios la sal de tu cuerpo.

Te busco entre rostros perdidos, tu vaga imagen que apenas recuerdo de forma sombría, tu aroma, tu risa de niño inocente, pero el corazón guarda las memorias de nuestros encuentros, pocos fueron en esta vida esos momentos, pero estoy segura que guarda la de muchas más.

Voy a buscarte muchacho aún en esta densa niebla, en la profundidad de la noche, en el camino eterno, cuando el cansancio y la desesperanza me agoten, recordaré tus ojos como aquellas luciérnagas, danzaré con el viento, crearé un espejismo para volver a tí, a tus promesas susurradas al oído..

Sigue acomodando las estrellas, sigue creyendo en la magia y el destino, nuestro amor no puede ser un amor que nació para no ser. Vuelve a casa muchacho para amarnos con hambre, con sed, para amarnos más allá del tiempo, más allá del bien.

Aurora Perez Ruiz


 

Buenos Aires,Argentina


Una vez me invitaste a tu cumpleaños. Yo me puse un vestido de jazmines blancos, esos que florecen a finales de Agosto, y fui muy chocha de chochera con la bandeja de tu estrella en mis dos manos. Vos eras el mago y yo, tu ayudante. Tenía la misión de que nadie notara que el pañuelito naranja desaparecía en un dedo falso que te calzaba justo en el pulgar. Y lo logramos. Nuestra familia aplaudió muy sorprendida en la cocina de la casa donde hicimos el festejo. Después comimos torta y te cansaste sobre mí, que fui también ayudante de tu sueño. A veces me pongo de nuevo ese vestido, huelo a jazmines, paso un plumero muy pequeño hecho con plumas de canarios que saben acariciar nuestros recuerdos: las palabras que usábamos cuando fuímos a comer unos duraznos, la canción de los contrarios y las trepadoras donde colgabas para abajo y la gente caminaba del revés. También teníamos unos tubos de plástico transparente que comunicaban distintas casas donde criamos hormigas. Y unos trompitos que hacíamos girar en asaderas para marearnos la mirada y entender cuánto nos cuesta un equilibrio. La tarde fue ese tiempo que pasaba, vestido de pez negro en la pecera, lento y parejo sobre un espacio suficiente que supo ser tu niñez en ese nido, hecho de paja y de barro y de unas ramas, que transporté con un pico que aún me queda. Después íbamos a la terraza y yo aprendía a atajar entre dos bancos de madera puestos a la medida de lo que fuera nuestra única cancha hasta el momento, donde jugábamos siempre y no había que esperar que te citaran. Además hubo otras destrezas, como cuando soñaste que caías en un pozo y yo adquirí la costumbre de enrollar sogas al hombro, cada noche y todavía. Abrí cada carta que llegó. La del diente de leche y la del miedo. La del cordón desatado y de la astilla. La letra que no entendí, el borronazo, lo que pude corregir y lo que debo. Tengo el pico aún repleto de ramas y de paja, un fixture que me avisa que hay partido en la terraza. La escalerita de la punta de mis pies, ahora que estoy debajo de tu altura. Tengo las sogas, las enrollo con paciencia cada noche, cuando alerto a los grillos que todavía no volviste. Sigo creciendo, sé más cosas para adentro y ya no tengo las respuestas que te debo para afuera. Me hice poeta para no dejarte herencia. Que los tesoros son todos tuyos, como la estrella. A veces me doy vuelta a mi pulgar para encontrar tu pañuelito. Algo que diga que sigo siendo tu ayudante y vos el mago. Que es diecinueve en almanaques de un agosto, ya son dieciséis vestidos de jazmines y agradezco cada gota de tu vida, que se hizo arroyo y corre cerca de mi casa.


Ana Gómez


 

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