• Germán Ortega Nieto

Algo me observa




[CAPÍTULO 1]


Corría el año 2003, era el mes de julio, faltaban cinco días para cumplir años, lástima que me haya contagiado de alguna enfermedad de aquellas que provocan la ruptura de tu cuerpo, es muy común que en esas fechas haya grandes tormentas y temperaturas bajas que no se antoja salir de casa. El termómetro cada vez descendía más, eso se percibía en el día cuando empecé con los síntomas. Mi madre me realizaba algún té de esas hierbas que sirven para mil usos y para un sinfín de enfermedades, el día transcurría un poco lento, el tener congestión nasal provoca en ocasiones percibir que el tiempo se detiene, es desesperante. En ese entonces contaba con diez años y sentía demasiada ansiedad de no poder respirar como se debía.

Vivo en unos departamentos, tienen muchos años de existir, anteriormente a ellos, me dijo mi padre, que había ductos por los cuales corrían caudales  de una sustancia oscura y caliente, la verdad desconozco el porqué de su clausura, sin embargo, al día de hoy la refinería no está, solo queda un conjunto de edificios altos, de cinco pisos y veinte departamentos en cada uno, son cómodos, pero en épocas de lluvia los departamentos llegan a temperaturas muy bajas, supongo que debido a la altura, no sé si en todos los departamentos pasa, pero por lo menos en el nueve, que era en el que yo vivía, si sucedía ese hecho.

El día dejó de avanzar, todo se había detenido o por lo menos así se percibía, aunque en ese momento se percibía más, y mi cuerpo se comenzaba descomponer, mis movimientos se entorpecían conforme pasaba el tiempo y decidí irme al cuarto de mi madre. Su cuarto era de los más cálidos, pero había algo que no me agradaba, siempre tuve un presentimiento malo respecto de los espejos, me causan una sensación de inseguridad como si algo, que no pertenece a este plano, a esta realidad me estuviera acechando desde el otro lado.

Cómo no iba a sentir inseguridad si el tamaño de ese espejo era del tamaño del largo de la cama, mi madre tenía una cama de esas que le llaman kingsize. El espejo tenía forma de media luna y una moldura de madera que estaba pintada de color blanco, era muy lindo, pero me hacía sentir como si algo me observara desde el otro lado.

Aproximadamente a las veinte horas, mi temperatura comenzó a elevarse, mi cuerpo empezó a sudar, me sentía deshidratado, cansado y cada segundo que pasaba me dolía más y más mi débil cuerpo de diez años. De un momento a otro estaba mi hermano mayor se encontró recostado junto a mí y este me decía con una voz muy baja, pero con un semblante sin emoción – ¿te sientes bien?

Siendo sincero, no recuerdo el momento en que él llegó, de hecho no recuerdo en qué momento se ocultó el sol, sin embargo, el frío se percibía en el cuarto cada vez más, llegó un instante en que yo no podía soportar mis dolores y además de que todo mi cuerpo empezó a temblar sin control, recuerdo que en un momento jale una cobija que estaba junto a mí con mucho esfuerzo y me tape hasta el cuello, de un santiamén a otro mi madre se encontraba a un costado mío, mi hermano ya no estaba, y puso una toalla caliente sobre mi frente, y reposé por un momento.

La paz que me brindó el sueño se esfumó cuando comencé a sentir una mirada y pensé, debe ser el espejo que está junto a mí, sin embargo, al voltear en varias ocasiones solo apreciaba mi reflejo y el de la habitación, no se percibía otro ser vivo más en ese cuarto, sin embargo, sabía que no me encontraba solo, todo se volvió muy extraño mis temblores cesaron, mi frío se disipó y mi cuerpo se sentía como cualquier otro día normal.

 ¿Por qué ya no se escucha la lluvia que acontecía en el exterior?

Mientras estaba cuestionándome dentro de mi mente pude sentir con una intensidad en el pecho una mirada penetrante, de esas que puedes sentir el iris perforando tu piel, o en mi caso presionando mi pecho como si hubiera una persona obesa sentada arriba de mí, mi respiración se aceleró, pero al mismo tiempo era complicado poder respirar, era como punzadas en mis pulmones, fue entonces que miré hacia el techo y ahí se encontraba eso, aquello. 

¡Qué demonios es!

En el techo, yacía aquel ente que me había estado mirándome todo este tiempo, no puedo conocer si eso era o había sido humano, a su espalda se encontraba un círculo de un color negro profundo, como si me podría llevar a otra dimensión o peor aún al mismísimo infierno. el espectro contaba con un vestido negro como aquellos que eran utilizados en la época victoriana, cubría en su totalidad su mórbido y repugnante cuerpo, sin embargo podía ver sus manos, eran completamente pálidas, con la piel pegada a los huesos, incluso eran visibles algunas protuberancias y venas de un color obscuro, su rostro no estaba cubierto, sin embargo, no sé si fue la casualidad pero era irreconocible a simple vista pues en él había una sombra igual de profunda que el negro de su atuendo, al costado de aquello había lo que parecía ser una niña pequeña, de igual forma esta contaba con un vestido, sin embargo, este era más corto, cuadriculado con colores negros y rojos, en el mismo sentido su rostro no era posible apreciarlo, pero mi mirada se congelo al momento de escuchar a aquel ente sobrenatural, realizaba ruidos que supongo provenían de su boca, si es que eso contaba con una, eran sonidos parecidos a los gruñidos de una persona anciana ronca, eran horribles esos sonidos, retumbaban en mis tímpanos y realmente no sé qué significaban, pero estaba seguro que intentaba comunicarse conmigo, extendió su brazo hacia a mí y fue cuando todo comenzó a descontrolarse pues comencé a levitar en dirección a esa abominación. ¿Cómo me di cuenta? podrían cuestionarse, efectivamente, ¡ese maldito espejo junto a mí!, ese espejo frío, liso y opaco, reflejaba mi cuerpo levitando en dirección a eso mientras sus gruñidos y alaridos elevaban el volumen cada vez más. En un momento de cordura miré hacia abajo y pude ver la cama en donde momentos antes me encontraba recostado con frío, temblando y con dolores en cada rincón de mi débil cuerpo, y de manera abrupta me agarré de la esquina del colchón me jalé hacia él, pocos podrán creerlo, pero funcionó, mientras miraba hacia el techo y podía apreciar cómo eso se giraba en su mismo eje hacia aquel oscuro agujero que se encontraba detrás. Con su mano seca, pálida y huesuda se despedía de mí, gruñendo, gritando y nada más.

Momentos después de la nada pude apreciar a mi madre junto a mí, ella continuaba colocando toallas húmedas en mi frente, yo temblaba, sudaba y lloraba de dolor.

Ya han pasado un par de años desde aquella primera aparición de aquel ente, el dormir actualmente me es sumamente complicado, sin embargo, sé que nos volveremos a encontrar, lo presiento, esos espejos jamás han parado de observarme, tal vez y solo tal vez espera el momento en que mi cuerpo o mi mente vuelvan a no estar en adecuadas condiciones. creo que será pronto, creo que acontecerá hoy.


 


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