• Gio Vazquez Luna

De lo poco que conozco de la muerte y la vida



I.

La muerte nos poseía en un violento vino de vivencias perdidas (no vividas), arrepentidas por no vivirse. Nos poseía hasta antes de nacer y nunca nos quejamos, comenzamos con ello el día que nacimos. Yo lloré. Tú lloraste.

Nos poseía por las tardes a ti y a mí, cuando el amor nos arrinconaba con el aburrimiento de estar solitarios en una casa solitaria, en donde no acababa el silencio y terminaba con nosotros aullándonos al oído.

La muerte nos poseía en transiciones cortas por una autopista a ciento ochenta kilómetros por hora, de Veracruz a Puebla pasando las Cumbres de Maltrata. Me poseía con fuerza para que nos fuéramos por un voladero.

La muerte me poseía cuando era feliz contigo.

La muerte nos poseía cuando me besabas.

La muerte te poseía cuando te besaba y tú callabas.

Nos poseía en una bandada de furias infernales conjurándose en un tornado ignífero de paredes en lava y de pensamientos agónicos sumidos en tristezas y desesperanzas ajenas.

La muerte nos poseía a las cinco de la tarde de todos los días con los decaídos rayos del sol, como lágrimas escurriéndose por última vez en nuestra existencia.


II.

La muerte nos poseía cuando nos burlábamos del SIDA de otros, y nos escupió directamente en el ano cuando fuimos positivos. Cuando todos teníamos VIH y nos mirábamos inocentes haciendo fila con máscaras ajenas. Cuando me entregué a la muerte y me di cuenta que aún vivía. Cuando tu no me esperaste y te fuiste con esa perra bastarda. Cuando dejamos de burlarnos de ella, vimos que era serio y que no era de putos ni de putas. Cuando te cambiaste el nombre y la gente se apartaba. Cuando hablaban de nuestra condición de nacimiento y no de nuestra condición de vida. Cuando nos fuimos deteriorando el uno y el otro. Cuando se acabó mi amor. Cuando comenzó tu dolor (y el mío). Cuando la sangre de nuestros labios dejó de ser rabia y cólera. Cuando los taladros comenzaron a hacer agujeros en nuestras paredes y esas paredes dejaron pasar el frío. Cuando ya no es cuándo, sino dónde y el dónde es aquí. Y aquí no estoy (ni tú).


III.


La muerte nos poseía con la fuerza de miradas desconfiadas por la calle, incluso de miradas en nuestra casa.



La muerte me posee porque sigo creyendo en el amor (en el tuyo y el mío), pero encima cae el peso inseguro de tu cuerpo y de tu tibieza al besarme.




La muerte nos ha poseído desde que nacimos, al ver que la hemos traicionado.





La muerte se posee así misma en acto y compresión disimulada de paciencia porque sabe que retornaremos a su imagen, a su idea, así misma, en algún momento, en alguna tarde, en alguna banca, en algún hospital, algún año, algún mes, algún día y tal vez sea hoy.


 

Gio Vazquez Luna


Es creador artístico dentro de las artes escénicas y literarias. En el estado de Tabasco ha participado en obras teatrales independientes como La Trampa (2019), El Jardín de los silencios (2017), Pobres almas en desgracia (2019), El hombre Jaguar (2019). En el 2020 participó en la creación de 15 obras inéditas con temáticas de género para conformar el programa de obras de PAIMEF a cargo del Instituto Estatal de la Mujer.

En el trabajo con títeres destaca como participante del taller de elaboración de títeres en el IV Festival de Títeres y Teatro para niños en 2016, seleccionado en el programa Arte en Movimiento en la categoría de títeres en 2020. Actualmente se dedica a la creación dramatúrgica independiente con enfoque a títeres y es beneficiario de PECDA Tabasco 2020-2021.


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