• Fernando Abreu

Primero invítame una chela


A Diana Saleon.

Xavier lo encontró ebrio y llorando en medio de la habitación. Eran las tres de la tarde, habíamos quedado en ir a buscarlo a su casa, pues no sólo parecía raro que dejara de beber con nosotros de un día para otro, sino que también abandonara el trabajo así nomás, por mero gusto. Bernardo vive en la calle Juan Álvarez, renta un pequeño departamento que por lo regular luce asqueroso, lleno de telarañas, con restos de comida y numerosas latas de cerveza. Al tipo le encanta el chupe, es bien entrón y jala parejo. Lástima que lo hallamos tan jodido.

─Qué pedo carnal, hace días que no sabemos nada de ti. Ya ni la chingas. ─Reclama Xavier, enfurecido.

─Cálmate, primero vamos a levantarlo. ─Le comento.

─¡No!, déjenme aquí. No quiero ver a nadie. ¡Lárguense! ─dice Bernardo, con un ademán.

─Vámonos Luis, este cabrón quiere estar solo. Además, el sitio apesta a podrido.

─Ya te dije que venimos a ayudarle. Escucha Bernardo, somos tus cuates. Explícanos por

qué ya no vas al trabajo. ¿Tienes algún problema?

─Ninguno, quiero que se vayan. Ustedes no lo entienden. ─Responde lloroso.

─Entender ¿qué?, si estás hasta la madre de pedo. ─Dice Xavier, cruzado de brazos.

─Váyanse por favor, déjenme solo. No ven que la estoy esperando.

─ ¿A quién, Bernardo?, a quién esperas tú. ─Le pregunto, tratando de entender la situación

─A Odette.

─ ¿A esa piruja?, no chingues, ha de estar cogiendo con otro cabrón. ─Le expresa Xavier,

burlonamente.

─ ¡Cállate pendejo! Ella me quiere, tú que vas a saber.

─Vete al carajo, si todos saben que es bien puta. ─Replica Xavier, molesto.

─Ya déjense los dos de estupideces -les digo-, anda Xavier, vamos a levantarlo.

En contra de su voluntad, y con mucho esfuerzo, logramos ponerlo de pie y colocarlo en la cama. Acostado, Bernardo repetía sin cansancio el nombre de Odette. Deliraba. Xavier quería darle en su madre, hacerle entender que sufrir por ella no le dejaba nada bueno. Por suerte, lo detuve.

Enseguida, Bernardo nos pidió algo de beber. Buscamos por cada Rincón del cuarto, pero todas las latas de cerveza estaban vacías. Mientras revisamos, Xavier me dijo que yo tenía la culpa por haberlos llevado a beber al Tenampa, aquella rastrera cantina donde conocimos a la tal Odette. Esa noche bebimos con harto gusto, celebrando que había conseguido un ascenso en el trabajo. Empezamos por dos cubetazos, luego una botella de Brandy; entonces se nos une Odette; aunque primero coqueteó con Xavier, fue a Bernardo, al que le llenó el ojo, tanto que este, le dio por invitarle copa tras copa. Al final, terminó por llevarla a su departamento.

Xavier y yo nos miramos absortos, como queriendo no recordar lo ocurrido.

─Por favor, se los ruego. Díganle que regrese. ─Suplica Bernardo, sujetándome el brazo. Xavier me jaló hacia un lado.

─Este pendejo está loco, no sabe lo que dice.

─Solo está enamorado, entiéndelo. ─Le expuse.

─Jajaja, sí, cómo no.

Bernardo se levantó de la cama, lo agarré de un brazo, mientras Xavier lo sostenía de la espalda.

─Queríamos seguir chupando, pero ya no había más chelas. Por eso se marchó. ─Comenta

Bernardo, señalando con el dedo índice la puerta.

─Tranquilízate amigo, límpiate los mocos. Cuéntanos ¿cómo estuvo? ─Le pregunto, acercándome.

─Primero invítenme una chela, ¿no?

─ ¡Ni madres!, primeros dinos qué pasó. ─Le increpa Xavier.

─Está bien, como quieran. Una noche regresamos del Tenampa, estuvimos bebiendo un chingo. Llegamos y empezamos a coger. Luego, seguimos chupando más y más cervezas. Al día siguiente lo mismo. No comíamos nada, solo beber y beber y beber. Hasta saqué unos ahorros que guardaba en la vitrina. Lo gastamos todo en trago. Odette estaba contenta, me dijo que era la mejor peda que se había puesto. Estuvimos así, tres días seguidos, al final, se nos acabó el trago, sólo nos quedaban unas cuantas latas. Nos las terminamos, entonces ella dijo que iría a conseguir más, tal vez le pediría prestado a un amigo. Eso me dijo. Se fue, y no ha vuelto.

─Ay Bernardo, esa pinche vieja te utilizó. Ya sabes cómo le gusta el chupe. No te

atormentes amigo, no va a regresar. Ella vive de eso. ─Le explico con tristeza.

─Y de coger, porque no creo te lo haya soltado de a gratis, ¿o me equivoco? ─Agrega Xavier, con sarcasmo.

─Déjalo en paz. No ves que este güey está sufriendo.

─Va, mejor voy a ver que tiene en la cocina. Tanto sufrimiento me abrió el apetito. ─Me dice Xavier.

─Idiota. ─le suelto.

Me volteo hacia Bernardo. Gruesas lágrimas escurren por sus cachetes.

─Tranquilo, ya pasará. ─Le digo,

─No, no pasará. Es que no lo entiendes cabrón. Tuve un mal presentimiento antes de que ella se fuera. Algo malo iba a ocurrir, no debí dejarla. ─Dice, desesperado.

─No te preocupes, la vamos a encontrar.

─ ¡Ella se largó!, ¡no va a regresar chingadamadre! Créeme.

Xavier aparece desconcertado, puedo distinguir en su rostro un gesto que indica que algo no anda bien. Me agarra del brazo para dirigirnos a la cocina.

─Acércate, mira lo que hay aquí. ─Dice, con un tono de acecho.

Permanezco turbado, un escalofrío recorre mi columna. Casi vómito. Xavier y yo nos miramos. Quise decirle que no lo creía, que esto era una pinche locura.

Xavier toma una bolsa, introduce la mano en el refrigerador y saca un trozo del cuerpo de Odette.

─Qué te parece. ¿Armamos el rompecabezas?

─No mames. ─Le digo.


 

Fernando Abreu.


Oriundo de Emiliano Zapata, Tabasco. Fue becario del FECAT en 2005 y 2008. Curso el taller de literatura en el CEDA. En el 2011 el instituto de cultura de Tabasco publicó su libro de cuentos Bar La Bamba. Sus textos han aparecido en las siguientes antologías: Narrativa en Miscelánea (Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, 2008) y ¡Cuentos joven! Muestra de autores tabasqueños (Editorial Suum Quique, 2012). También fue cofundador y coeditor de la revista literaria La Grieta (2004-2007). En el 2021 publica su libro de cuentos: Historias Salvajes, editorial Ajaw. Y junto con el escritor Manuel Felipe, el libro de cuentos: La mayoría de las veces las cosas no salen como uno espera, salen mucho peor. Fábulas pandémicas, editorial Cuadernillos de la Grieta. Tiene una gran pasión por los libros, el cine y la vida.



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